Mundo Originario

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Múltiples culturas rinden culto a la Naturaleza. Desde la Selva, hasta las Montañas, todos rinden su devoción a Madre Tierra.

 

Ataque de Pánico o Crisis de Angustia

Qué es el Ataque de Pánico y cómo manejarlo

Ataque de Pánico o también llamado Crisis de Angustia, a la intrusión en la persona de un sentimiento de angustia, acompañado por sensaciones físicas que le impiden manejar lo que acontece. Estas sensaciones son tan dramáticas e inmediatas que son vividas como un “ataque” y no duran más de diez minutos.

El siguiente ejemplo sería una aproximación más o menos realista de la situación: “En un momento inesperado, en algún lugar público, y casi sin aviso, el corazón empieza a latir aceleradamente. Un sudor frío comienza a hacerse notar, sus manos empiezan a temblar, y en vano la garganta trata de tragar ante la sequedad de su boca”.

Frente a estos síntomas trata de hacer algo para retener el control, siente como si le faltase el aire y entra a desesperarse. Mientras más se empeña en retener el control, los síntomas van en aumento, una sensación de ahogo presiona cada vez más el pecho. Entra en “pánico”, los segundos pasan y los minutos se vuelven interminables.

En ese momento dos pensamientos hacen a la experiencia más dolorosa, uno referido a que le pase algo grave y, el otro a la humillación ante la mirada de los que le rodean -todos me van a ver caer, tengo que salir de acá -. Inicia el escape. Comprueba que mientras más alejado de la escena está mejor se siente.

Si ya ha experimentado esto antes, sus pensamientos evocados por experiencias anteriores pueden hacer que su temor a la repetición aumente haciendo que el descontrol, el malestar físico y emocional sean tan significativos como para pensar lo peor, que esta por volverte loco o inclusive que se encuentra ante un paro cardíaco inminente.

Definición

Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de las Enfermedades Mentales (DSM IV), de la Sociedad Norteamericana de Psiquiatría la Crisis de Angustia también llamada Ataque de Pánico, es la aparición aislada y temporal de miedo o malestar de carácter intenso. La crisis se inicia de forma brusca y alcanza su máxima expresión en un lapso no mayor de 10 minutos, acompañándose a menudo de una sensación de peligro o de muerte inminente y de una urgente necesidad de escapar.

Para que sea considerado Ataque de Pánico se deben cumplir al menos 4 síntomas físicos o mentales de la siguiente lista, armada a modo de auto test:

 

Síntomas Si No
1 Palpitaciones, taquicardias o elevación de la frecuencia cardíaca
2 Sudoración
3 Temblores o sacudidas
4 Sensación de ahogo o falta de aliento
5 Sensación de atragantarse
6 Opresión o malestar torácico
7 Náuseas o molestias abdominales
8 Inestabilidad, mareo o desmayo
9 Desrealización (sensación de que todo alrededor es irreal) o despersonalización (Percibirse a sí mismo como extraño a uno)
10 Miedo a perder el control o volverse loco
11 Miedo a morir
12 Parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo)
13 Escalofríos o sofocaciones

Cuando la crisis se convierte en un trastorno

A medida que una y otra vez se repite el ataque, se va consolidando un temor secundario a experimentarlo en el futuro. Cuando ello ocurre, la crisis se ha convertido en un trastorno por la preocupación constante que la persona tiene de que le vuelva a ocurrir.

El temor inducido por las experiencias anteriores va limitando progresivamente sus posibilidades sociales, haciendo que ésta evite sistemáticamente situaciones donde haya gente, hasta el extremo de resistirse a salir del hogar, denominándose esta actitud con el nombre de agorafobia

Nuevamente el DSM IV enumera una serie de síntomas en la conducta de la persona que definiría el diagnóstico.

  1. Crisis de Angustia inesperadas y repetidas.
  2. Al menos a una de las crisis la persona ha reaccionado durante un mes o más con:
    1. Inquietud persistente ante la posibilidad de tener más crisis
    2. Preocupación por las implicaciones de la crisis o sus consecuencias
    3. Cambio significativo en su comportamiento relacionado con las crisis.

Diferencias de Ataque de Pánico con otros trastornos o enfermedades que producen pánico

Para diferenciar este diagnóstico de otras causas que también pueden producir estados de pánico, debe tenerse en cuenta que ese estado no es consecuencia de ninguna causa física ni por medicación o sustancia alguna, y el miedo está relacionado exclusivamente con el temor a que se repita la experiencia traumática de la angustia.

El pánico dentro en una perspectiva psicológica y social

Desde una perspectiva social, las políticas que organizan a la sociedad, muchas veces producen determinadas condiciones que fomentan la aparición de trastornos caracterizados por la ansiedad y la angustia. Según algunas estadísticas de Argentina, el Ataque de Pánico alcanzaría al 30% del la población que va a la consulta, siendo la mujer la mas afectada en una relación de 3 a 1 con relación al hombre.
Tomando el ejemplo dado en la introducción, y desde la psicología cognitiva, uno de los factores principales que producen la reiteración de la crisis es la evaluación posterior que uno hace acerca del proceso vivido. En este caso, los pensamientos irán generando temor que a su vez será alimento para nuevos pensamientos que invitarán a que la experiencia se repita. Es común en la consulta escuchar a alguien comentar que al recordar la experiencia revive todos los síntomas del pánico.
De esta manera se crea un círculo vicioso de pensamientos, emociones-sensaciones, y más pensamientos que atrapan a la persona en una preocupación y malestar constante.
Se encuentran los que temen pensar sobre este asunto. Esta evitación agudiza el cuadro, produciéndose un efecto paradojal, esto significa que “con el hecho de no querer pensar, de hecho lo están haciendo”, agregando a su preocupación inicial, la preocupación por evitar dichos pensamientos.
Esta actividad de pensar en todo momento irá restando tiempo productivo y calidad de vida a la persona.
Otro componente importante y desencadenante de la crisis es el estrés. Se puede reconocer por el grado de tensión que las diversas situaciones de la vida diaria ejercen sobre la persona, y esto incluye también a la actividad que ejecuta el organismo para adaptarse a ellas.
Este tipo de tensión, es de origen mental y mayormente es propia del hombre de ciudad, que se ve expuesto diariamente a innumerable cantidad de estímulos sensoriales propios de la contaminación del ambiente, como también a preocupaciones que lo perturban restándole tranquilidad.
En la medida en que esta tensión va aumentando se produce una acumulación de estrés que actúa en perjuicio del equilibrio orgánico. Es entonces cuando pueden aparecer determinados signos, como problemas para conciliar el sueño, para digerir los alimentos, tensión muscular, nerviosismo, y otros malestares. El Ataque de Pánico podría considerarse como una de las formas de responder del organismo cuando las demandas del ambiente exceden su capacidad para resolverlas, sería como “la gota que ha rebalsado al vaso”.
Como puede apreciarse, tener en cuenta el componente mental es fundamental para el tratamiento, esto implica trabajar sobre un cambio de actitud acerca de lo que aqueja a la persona, como también en mejorar su calidad de vida ayudándolo a que tome conciencia y actúe de manera creativa para satisfacer sus propias necesidades de bienestar.

El pánico dentro del contexto de las enfermedades físicas

Es difícil singularizar las causas del pánico, pues síntomas semejantes también aparecen en una variedad de desórdenes psicológicos y enfermedades físicas.

Dentro del contexto de las enfermedades físicas si una enfermedad permanece no diagnosticada o mal diagnosticada, el individuo puede asustarse ante estos inesperados y dramáticos cambios corporales. Un gran número de ellos reduce su ansiedad al obtener información acerca de lo que les pasa.

Otras razones se dan en enfermedades que hacen que la persona se cuide en demasía alentada por el temor de que vuelva a ocurrir el síntoma, por ejemplo, aquellas que han sufrido un infarto cardíaco se resisten con frecuencia a realizar actividades que puedan significar un escuerzo para el corazón, y al percibir un leve cambio en sus latidos comienzan a preocuparse. La causa del pánico en este caso se encontraría esta vez en la persistencia del pensamiento, apoyado en la experiencia ya vivida, que genera temor.

Otra causa física relacionada con este estado podría encontrarse como respuesta al abuso del consumo de determinadas sustancias como el alcohol, la cocaína, la marihuana, las anfetaminas y otras drogas. En casos de adicción, la abstinencia también podría provocar estados de pánico.

Qué debe hacer si tiene una crisis

  • Primeramente recuerde que dura unos minutos y luego repentinamente termina.
  • Si es posible, busque apoyo de otra persona.
  • La mejor ayuda es la relajación, si siente ahogo, no haga esfuerzos por respirar, ya que esta acción le producirá mayor tensión y angustia. Busque un lugar donde pueda sentarse. Si no lo consigue lo mejor es alejarse del  lugar, y en este caso notará que hacer eso le produce cierto alivio y va ganando tiempo hasta que la crisis termine.

Una vez encontrado el sitio apropiado, los siguientes pasos serán de utilidad para disminuir su malestar:

  1.     Si es posible, cierre los ojos
  2.     Dirija su atención a las sensaciones del cuerpo y la respiración, abandone el control por querer hacer algo, y  permita que la respiración por si sola vaya recuperando el ritmo normal. Se irá dando cuenta que el cuerpo comienza a relajarse. Notará cuán contraído estaba el diafragma, la boca, los hombros, y cada parte del cuerpo.
  3.     Mientras mantiene su atención en las sensaciones del cuerpo, deje pasar sus pensamientos como ajenos a usted,.
  4.     Manténgase en esta actitud hasta que la crisis haya pasado.

Pasos a seguir después de una crisis

  1. Busque un médico de confianza que se ocupe de dirigir los estudios y evaluaciones para determinar el origen de esos síntomas.
  2. Si el médico tratante determina realizar una interconsulta con otro especialista, siga las instrucciones y asegurarse de que sea él quien reciba primero el informe del especialista.
  3. Si se diagnostica un problema fésico, debe seguir las instrucciones del tratamiento.
  4. Si no se encuentran problemas orgánicos, y los ataques persisten debería considerar las causas como posibles desordenes psicológicos. En este caso, y según el grado  de incapacidad, podría ser necesaria primeramente la intervención de un médico psiquiatra antes que la de un psicólogo, si el malestar es tal que teme salir de su casa o su angustia le impide pensar claramente. En estos casos la administración de medicación podré reducir provisoriamente sus séntomas.

Qué deben hacer los que acompañan al que sufre la crisis

  • Comprender que quien la padece sufre de un miedo irracional.
  • Transmitir tranquilidad y confianza a quien sufre la crisis.
  • Escucharlo, incentivarlo a relajarse y a regularizar la respiración.
  • Ayudarlo a comprender que no se encuentra en peligro y que no se va a morir.
  • Darle libertad de acción (pues seguramente buscaré cosas que lo tranquilicen y reduzcan la ansiedad).
  • Evitar que lo rodeen personas que le produzcan mayor ansiedad.
  • Descartar otra enfermedad orgánica
  • Informarse sobre el tema.
  • Consultar a profesionales especializados en Trastornos de Ansiedad.
  • Aceptar, acompañar y alentar el tratamiento indicado.

Medidas de prevención

Considerando que esta crisis es un desajuste del equilibrio orgánico relacionado a la acumulación de estrés, la manera de prevenirlo consiste en escuchar los mensajes del cuerpo que se expresan por medio de las sensaciones y nos indican cuándo es el momento de tomar un respiro y relajarse.

Las personas que ponen demasiado énfasis en cumplir con las obligaciones o en realizar lo que se espera de ellas, o son altamente competitivas tienden a pasar por alto esos mensajes con la consiguiente acumulación de estrés.

Para reducir el estrés nada mejor que evitar el trabajo en exceso, y recurrir a los momentos de ocio. Realizar pausas en medio de la actividad permiten que el cuerpo recupere su vitalidad y por consiguiente aumente las defensas en beneficio de la salud.

Es importante tomar las horas de descanso y sueño en serio, comer saludablemente, hacer ejercicios, hacer actividades recreativas, disfrutar con los familiares y amigos.

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