Mundo Originario

Mundo Originario

Múltiples culturas rinden culto a la Naturaleza. Desde la Selva, hasta las Montañas, todos rinden su devoción a Madre Tierra.

 

Uso Trascendental del Tabaco

Tabaco

Lugar del tabaco en el hombre místico

En vista del carácter desagradable y la amenaza mortal contra la salud que implica la praxis del uso del tabaco en América del Sur, uno se pregunta por qué razón esta droga ha logrado una importancia tan grande en la vida religiosa y ritual de los indígenas. Sin ninguna duda, el tabaco como otras substancias psicotrópicas colectadas por los hombres ofrece una clase de escape de las condiciones de vida y de la presión. La adicción a la nicotina como también las consideraciones socioculturales han jugado papeles adicionales al respecto. Más importante fue, que para mantener su credibilidad y efectividad como agentes y curanderos religiosos, los shamanes tenían que demonstrar su poder espiritual para ellos mismos y para su comunidad en una base de continuidad; el tabaco, debido a los efectos de la nicotina en el cuerpo humano, les ayudaba a alcanzar esta meta. Es esencial para aquellos shamanes que usan tabaco (como para los shamanes en general) ser considerados y que ellos se consideren a si mismos que están dotados de fuerzas sobrenaturales.

Esta dualidad natural/sobrenatural es lograda durante la iniciación cuando el principiante muere como un ser humano natural y renace como una persona con fuerzas de otro mundo. Ingiriendo cantidades más grandes de tabaco los shamanes manifiestan un estado de malestar por la nausea ocasionada por la nicotina como respiración pesada, vómitos y postración. Progresivamente por medio de temblores, convulsiones o ataques caen en agonía hasta que, en una narcosis aguda, sufren una detención transitoria de la respiración y una muerte aparente, confirmada por todos los testigos. La experiencia del maestro principiante es crucial para el éxito de este cambio de su estado. Introduciendo literalmente una situación de vida o muerte – medido en segundos de envenenamiento agudo – ellos dependen del éxito de este cambio esencial referente al proceso normalmente acelerado de la biotransformación de la nicotina en el cuerpo humano (Larson 1952:279; Larson, Haag y Silvette 1961). Pero durante la iniciación de sus estudiantes como también en el curso de sus propias vidas profesionales, están continuamente arriesgando las condiciones farmacológicas subyacentes del bloqueo del impulso de transmisión a los ganglios autónomos y del estímulo central. Nada puede convencerles más de su estado perteneciente a otro mundo que la experiencia de esa continua acción bifásica de la nicotina dentro de ellos mismos como un viaje del alma fuera del cuerpo. En este sendero celestial han sido enculturados para saber elegir en los cruces, abrir peligrosos pasajes, escapar golpes mortales y enfrentar eventual desmembramiento, transformación en esqueleto y renacimiento.
La ingestión de tabaco en ese proceso casi semi-perpetuo hace que los shamanes sean conscientes de sus nuevos cuerpos. Como una consecuencia de su pesado fumar, ellos y sus coetáneos, por ejemplo, observan el cambio de sus voces que han sido ásperas y guturales ya que experimentan los típicos síntomas de aflicción de “la garganta del fumador” (a smoker’s throat) por la acción local de ciertos agentes químicos del tabaco (Stevenson 1933). Se espera que los shamanes que mastican, fuman o beben tabaco desarrollen voces de un tono característico, gutural y bajo, considerado como más apropiado que la voz humana para el trato con sobrenaturales. Todos los shamanes experimentados han sido conocidos por perder su voz. Para promover el logro de ese cambio de la voz, a los shamanes les gustan mezclar resina de caraña (Protium heptaphyllum) en su tabaco, no solamente para perfumar el humo sino también para cubrir sus cuerdas vocales y así aumentar el efecto deseado.
La vista paranormal causada por la ingestión de nicotina es un resultado especialmente importante del shamán lo que se nota primero durante la iniciación y luego durante la praxis tabacalera. Durante las condiciones de intoxicación avanzada de nicotina, la luz crepuscular (antes que la plena luz del día) es preferida para la vista del shamán, permitiendo a él o a ella discernir animales en movimiento o a enemigos en la media luz (Menderhall 1930:408). Los síntomas de la ambliopía tabacalera (Larson, Haag y Silvette 1961:591- 610), de la cual los shamanes generalmente sufren como consecuencia de la intoxicación avanzada por el fumar (Hedges 1955), tomando rapé (Duke-Elder y Scott 1971:146) y masticando (Meyerhof 1921) son totalmente impresionantes. Esta condición permite al especialista no solamente ver en la obscuridad sino también vivir en lo sombrío que es el resultado, ante todo, de la condición de los cambios neurológicos en la retina y, solamente en forma secundaria (si el consumo de tabaco no ha sido refrenado) por daño del nervio óptico. En consecuencia, la ambliopía tabacalera es reversible mediante la abstención de nicotina de modo que el shamán puede entrar o dejar la obscuridad del Otro Mundo según quiera. En suma, la nicotina es experimentada por los shamanes como una droga que cambia la vista y cambia la visión, mintiéndoles ver lo que se oculta y el futuro, una capacidad que les facilita actuar como videntes, profetas e interpretadores de sueños.
Los shamanes son a menudo considerados como maestros de fuego y haber alcanzado insensibilidad del calor por haber asimilado el calor mágico de su cigarro sagrado. Ingerida la nicotina, aumenta la transpiración y la liberación de norepinefrina produciendo una caída de la temperatura en la piel que puede ayudarles en la realización de actos desafiantes hacia el calor tales como apagar un cigarro contra sus cuerpos desnudos, caminar sobre brazas vivas o tragar ascuas.
Los indígenas de América del Sur consideran el tabaco como una comida y en algunas sociedades, los shamanes son llamados “los que comen tabaco”. Hay un reconocimiento general de la similitud entre la ingestión de comida natural y la comida de productos de tabaco. Como causas de esta relación podemos enumerar varios efectos de la nicotina en el tracto gastro-intestinal en razón del estímulo parasimpático. Como en el caso de la comida, el tabaco (nicotina) tiende a disminuir o hasta quitar el dolor o las contracciones del estómago por el hambre (Daniélopolu, Simici y Dimitriu 1925), que en a turno son causadas por estímulo del nervio sensorial que termina en la boca y en el estómago mucoso (Carlson y Lewis 1914).
El deseo de comer es también frenado por el efecto calmante de la nicotina referente a los órganos del gusto (Martí y Matasaru 1964) como también por niveles más altos del azúcar sanguínea, lo que estimula el hígado a liberar los carbohidratos almacenados (Wachholder 1948). La nicotina puede funcionar, además de sus efectos parasimpáticos, como un freno para el apetito por acción directa o indirecta en el hipotálamo (Walker 1953). Y la liberación de epinefrina, activada por la nicotina, reduce el hambre porque su acción excita el sistema nervioso central. Por tanto, la ingestión de nicotina como la ingestión de comida mitiga los sentimientos de hambre, tal como la cesación del consumo de nicotina y la abstención de comida re-introduce el persistente quejido del estómago y los sentimientos de vacío (Chessick 1964).
El uso del tabaco como un agente anorético ha sido mencionado referente a los indígenas de América del Sur desde los más tempranos hasta los más recientes tiempos históricos. Los shamanes anhelan el tabaco como la gente en general anhela comida cuando tienen hambre. Podemos imaginarnos aquel deseo del shamán al llegar a esta esfera sobrenatural en la cual los espíritus, según se imagina, consumen tabaco como un plato apropiado. De América del Sur a los montes de Norte América, los shamanes han dado de comer a los Grandes Espíritus la comida de tabaco a la que no tienen acceso en el mundo espiritual. Totalmente conscientes del poder coercitivo de la droga, han aprovechado el tabaco como un bien negociable atractiva para obtener favores de arriba.
Universalmente se espera que los shamanes sean curanderos. Desde el tiempo de su comienzo, el aliento del shamán se considera estar dotado de cualidades sobrenaturales y su técnica terapéutica más usada es la de soplar sobre la parte afectada del cuerpo de los pacientes. El humo de tabaco manifiesta, por lo demás, dramáticamente su invisible neuma que confiere vida y los shamanes soplan espesas nubes de humo sobre los pacientes. Estos capturan el humo bajo sus manos ahuecadas para detenerlo sobre la parte dolida del cuerpo; lo dirigen sobre heridas abiertas, lo soplan en la cara del paciente, ojos, nariz y boca y dando masajes al paciente por períodos prolongados. El humo es también administrado al hueco de un diente y a la herida abierta después de una extracción dental. El paciente fumigado experimenta una reducción del dolor y de la fiebre y se siente, en algunos casos, curado. Como ya fue señalado, además de fumar, los shamanes soplan saliva con nicotina, tabaco en polvo y jugo en los pacientes. Administran masajes con saliva, lavamientos con jugo, y rapé y envoltorios de hojas de tabaco y compresas – es decir, técnicas terapéuticas que envuelven la administración de la nicotina por las vías respiratorias, gastrointestinales y dentales y que administra la nicotina en dosis suficientemente grandes para que sea local- y sistemáticamente efectiva. La aplicación del tabaco a heridas abiertas, mordeduras o picaduras no presentan problemas mayores siendo que la nicotina alcanza los tejidos expuestos subcutáneos no cubiertos por barreras epidérmicas. La aplicación de tabaco en líquido, polvo o envoltorios en la piel sana es propicia para la absorción de la nicotina. La administración del humo del tabaco a la piel escoriada es menos efectiva pero la nicotina en forma de humo es retenida por medio de transpiración en el cuerpo del paciente. Los medios de la nicotina en forma de soluciones, tales como saliva e infusiones, pueden ser aplicados con mayor intensidad que el humo y son altamente efectivos, especialmente porque la dosis terapéutica de la decocción es tan baja como 1 por ciento para las abluciones (Gutiérrez Muro 1934).
Aun más efectivas que el humo y las abluciones son las aplicaciones de envoltorios de tabaco en polvo y hojas mojadas. Los envoltorios de rapé han mostrado durante mucho tiempo que tienen efectos analgéticos (Somervail 1839). Los envoltorios de hojas de tabaco liberan suficiente nicotina localmente como para causar un envenenamiento relativamente agudo (Weizenecker y Deal 1970). Los tapones de tabaco verde o las bolitas de algodón cargados de nicotina depositados en el hueco de un diente funcionan como un preparado de efecto liberador sostenido y administra suficiente nicotina in situ, en forma adecuada y durante un período suficiente para servir como analgésico y potencialmente para ocasionar una intoxicación más severa (Chapman 1880). La absorción de alcaloides aun en cantidades pequeñas, estimula, sin embargo, favorablemente la liberación simpática de norepinephrine de los tejidos de la piel con efecto local, y la consecuente baja de la temperatura de la piel tiene un efecto calmante en el paciente y puede por un tiempo liberarle/la de su dolor.
Resumiendo, debo quizás, señalar que los shamanes son protectores combativos de sus sociedades. Soplan humo de tabaco y saliva contra enemigos de la atmósfera tales como tempestades, relámpagos y contra un ejército de adversarios que amenazan la existencia humana. En muchas sociedades ejercen su poder en forma de agresivos jaguares (were-jaguares), una manera de posibles cambios de la aparición, cosa que logran con la ayuda de ingestión de tabaco. Para activar sus agresiones, la nicotina provoca primero un número de cambios físicos, incluyendo visiones nocturnas como la de un jaguar, una voz profunda y ronca, una lengua áspera y un cuerpo que huele mal. En segundo lugar, las fibras colinérgicas pregangliónicas del sistema nervioso simpático estimulan las médulas de adrenalina a descargar las hormonas estimulantes epinefrina y norepinefrina, movilizando el cuerpo del shamán para reacciones de emergencia (Schievelbein and Werde 1967:82). En tercer lugar, el despertamiento general causado por la nicotina es interpretado por el shamán, adecuadamente enculturado – que generalmente tiene una relación especial con el jaguar, como específico a los hombres del jaguar – de ser expresado como furia, enemistad y agresividad sexual. Por lo tanto, los cambios fisiológicos mediados por la nicotina como también el despertamiento y liberación de epinephrine y sus concomitantes cambios emocionales y fisiológicos y con la apropiada condición enculturada, permite a los shamanes manifestar el característico comportamiento de un jaguar y experimentar un sentimiento esencial del “ser jaguar” (jaguarness) que confirma el status y papel del shamán.
Lo que resulta claro mediante estos ejemplos es que los indígenas americanos usaban el tabaco como una droga que confirma la vida, es decir, que ordena la vida. Las creencias shamanísticas de los no-practicantes del uso del tabaco de los cazadores Paleo-indios, el alto valor que depositaban en el trance extático y las experiencias especiales y atributos adscritas al shamán como especialista en lo sagrado, todo proveyó un fondo de ecos de valores al cual tabaco shamanes de los Neo-indios agroculturales podían proyectar la experiencia de su droga con una compatibilidad notable.
Johannes Wilbert es profesor emeritus de antropología y el ex-director del Centro Latinoamericano de la Universidad de California en Los Angeles. Origen de la Nota: absolum.org

Visión moderna del tabaco

Contrariamente, la visión moderna de la droga, -privada de los valores trascendentales que su ambiente cultural originario le aportara- se establece en la recreación de escenarios imaginarios basados únicamente en fundamentos hedonistas para su aceptación y consumo.

Métodos de ingestión del tabaco

Excepto la inyección intravenosa, los indígenas de Sudamérica usan el tabaco a través de todos los medios humanamente posibles (gastrointestinal, respiratorio o percutáneo) y en una gran variedad de formas. El tabaco es mascado, es tomado como jugo o como jarabe, se lame la pasta, se emplean supositorios y edemas, se aspira como polvo rapé, se aspira el humo del tabaco y se aplican productos del tabaco sobre la piel y en los ojos.

Vía gastrointestinal

  • Tabaco masticado

El mascar, o más precisamente, el chupar trozos de tabaco tiene una amplia distribución en América del Sur y las Indias Occidentales. Ocurre en las Antillas Menores y en Venezuela oriental y se extiende desde el noroeste de Colombia y el Amazonas superior esporádicamente a través de localidades desde la Montaña hasta el Gran Chaco. En instancias aisladas se encuentra también en Brasil del este. El mascar tabaco en América del Norte se practicaba principalmente por los indígenas de la costa del noroeste, entre quienes el tabaco puede haber sido introducido por comerciantes rusos.
Los indígenas preparan el tabaco en rollos de unos diez centímetros de largo, con tabaco verde, a veces esparciendo ceniza o sal sobre las hojas mojadas y mezclándolas con ciertas clases de tierra o miel. También se suele hacer una mezcla de las hojas de tabaco finamente machacadas con tierra conteniendo nitro logrando una masa de la que se hacen tabletas de tabaco. Similares tabletas se obtienen simplemente mezclando hojas machacadas con ceniza y mojando el polvo con agua para producir una suave pasta. Los indígenas de la Guayana cuecen con hojas de tabaco frescas una tortilla del porte de una rueda de carro y de dos centímetros de grueso sobre una parrilla a fuego lento. Durante el proceso la tortilla es rociada con sal y un sustituto que se obtiene del oulin (Mourera fluviatilis Aubl.), una planta podostemácea que crece en rocas sumergidas bajo caídas de agua o en salientes. La tortilla es cortada en trozos y lonjas que se guardan en calabazas de aperturas pequeñas. Otros aditivos a estas mezclas para mascar que no sean sal y sus sustitutos incluyen entre varios otros cal obtenida de cáscaras de moluscos, resina de caraña (Protium heptaphyllum March.), chile (Capsicum fructescens L. Willd.) y hierbas medicinales, tales como cáscara de rosa amarilla, una planta emenagoga.
El masticar tabaco ocurre frecuentemente con otros métodos de ingestión tales como el fumar y el sorber por la nariz. También a veces el tabaco fue observado siendo mascado junto con coca (Erythroxylum). Chicas, rollos o bolas de tabaco son llevadas por el usuario en la mejilla o en el labio inferior durante prologados periodos de tiempo; la aplicación debajo de la lengua no ha sido reportada. A diferencia de la coca y betel (Piper betle), la nicotina no requiere agentes alcalinizantes para su liberación, aunque estas sustancias aceleran e intensifican la acción de la droga al aumentar la salivación (Hammilton 1957). La nicotina es fácilmente mezclable con las secreciones salivares y el transporte de la solución se efectúa rápidamente. También, la alcalinización del ambiente bucal prepara esa zona para una óptima absorción (Bray y Dollery 1983:274). Como se ha mencionado, los amerindios succionan más que mascan el tabaco y tragan, no escupen, los jugos que van saliendo poco a poco.
Se considera generalmente la extensa distribución del área en que el tabaco es mascado como una indicación de la gran antigüedad de este método de consumo (Zerries 1964:99-100). Además, considerando lo natural que viene a ser el mascar el tabaco, uno tiende a concordar con estudiosos como Sauer (1969:48) cuando afirma que el mascar y beber representan las formas más antiguas de ingestión del tabaco. Con fluctuaciones periódicas, el tabaco ha encontrado amplia aceptación entre sociedades no amerindias.

  • Tabaco bebido.

La distribución de la costumbre de beber el jugo del tabaco es similar a la de la masticación excepto que está ausente del Gran Chaco. La mayoría de las tribus de la Gran Guyana beben el jugo del tabaco, así como un número considerable de grupos del Amazonas superior y la montaña de Ecuador y Perú. Algunos casos aislados de la práctica se han reportado también de la zona costera del noroeste de Venezuela, el noroeste de Colombia y en lugares dispersos en Bolivia y Brasil.
En la zona de distribución de la Guayana, el jugo de tabaco es a menudo una simple infusión de las hojas enteras o molidas mezcladas con agua. Las hojas remojadas o cocidas son estiradas y comprimidas a mano. Algunas tribus añaden a la mezcla sal o la ya mencionada ceniza de oulin, Otro materiales botánicos no identificados usados como ingredientes por las tribus de la Guayana incluyen ayung, una corteza emética, quinquina, una savia de árbol.
Asimismo, las tribus del Alto Amazonas y la Montaña remojan, comprimen y revuelven las hojas de tabaco en agua, aunque a menudo no enteras ni molidas sino trozadas y masticadas. En esta zona occidental de distribución, sin embargo, los indígenas no parecen añadir sal o ceniza a su jugo de tabaco, aunque si ocasionalmente chiles (Capsicum sp.). El cocimiento en agua de hojas de tabaco ocurre también aquí más a menudo que en la Guayana, aunque el cocimiento no es llevado al punto en que el jugo desaparece como ocurre en la producción de la pasta ambil (que aquí se discute) sino que se lo deja suficientemente viscoso para poder beber el producto.
En toda la zona de distribución donde el tabaco es bebido, esto se hace a menudo conjuntamente con otros métodos de consumo del tabaco y consumo de bebidas alcohólicas. Varias sustancias alucinógenas o psicotrópicas pueden
ser consumidas juntamente con el tabaco; ejemplos son ayahuasca (Banisteropsis caapi), coca (Erythroxylum), daturas (Brugmansia aurea Lagerh.; huanto, Brugmansia sp.; maikua, Brugmansia sp.) rapé parica (Virola calophylloidea Marcgraf), y takini látex (Helicostylis tomentosa [Poepp.& Endl.] Macbride o H. pedunculata Benoist).
El jugo de tabaco es bebido por vía oral o nasal, usando las manos o calabazas. En algunos casos el concentrado es lanzado como un chorro directamente de la boca de uno a otro. Fuera de América del Sur, el beber tabaco ha tenido poca aceptación como modo de consumir tabaco.

  • Tabaco lamido

El lamer tabaco tiene limitada distribución en América del Sur. Se le encuentra entre tribus del extremo septentrional de los Andes, en Colombia y Venezuela, ciertos lugares del noroeste amazónico y en algunos pocos lugares de la zona de la Montaña.
El detalle de esta costumbre es muy similar a la masticación. Sin embargo, en vez de succionar un trozo de hojas de tabaco o una tableta de pasta, aquí se chupa un extracto de jarabe o jalea conocido como ambil. En la Sierra Nevada de Santa Marta de Colombia, los indígenas preparan una gelatina gruesa y negra por medio de una cocción de hojas de tabaco que dura horas e incluso días. El producto es espesado aún más añadiendo almidón de mandioca (Manihot esculenta Crantz) o de arrurruz (Maranta arundinacea L.). Las tribus en Venezuela al este del lago Maracaibo solían mezclar urao, un sesquicarbonato de soda, en su ambil, logrando una mezcla conocida como chimó (Kamen-Kaye 1971:43). Sal o cenizas alcalinas son usadas por tribus de la zona de la Montaña como parte de su receta para el ambil. Las hojas bien verdes de la parte inferior de la planta de tabaco son seleccionadas para ser cocidas sobre un fuego lento. Al mismo tiempo, son obtenidas sales por ciertas tribus por medio de la evaporación de agua que ha sido vertida y percolada a través de las cenizas de partes de un voluminoso árbol del género Lecythis, los brotes de Bactris y las hojas de palmeras Chamaedorea. En otros grupos las cenizas son logradas simplemente quemando y cerniendo cáscara de cacao rojo, cáscaras de bananos verdes y vainas de yoco (Paullinia yoco Schultes & Killip). Las sales se revuelven para hacer el ambil antes de que se concentre en un grueso jarabe o pasta (Schultes 1945:20-21). El chile (Capsicum sp.) también es mencionado como ingrediente del ambil, así como las semillas de aguacate (Persea americana L.), azúcar tosca, tapioca o jugo de mandioca, así como el ya mencionado almidón de mandioca. La pasta es guardada de diversas maneras, envuelta en hojas, tubos de bambú, cáscaras de nueces, pequeños cántaros y en la actualidad, botellas de vidrio y tarros de lata. Bien guardado, el ambil se conserva durante varios meses antes de que deba ser reemplazado por uno más fresco.
El ambil es puesto en la boca sumergiendo un dedo o extrayendo una pequeña cantidad con una espátula o uña del dedo y frotándola sobre los dientes, las encías, o la lengua. Aunque se consume solo, el ambil es a veces ingerido simultáneamente con otros productos del tabaco. Algunas tribus de la Montaña los lamen en conjunto con la coca (Erythroxylum), ayahuasca (Banisteropsis caapi) y posiblemente otros alucinógenos.

  • Enema

Las jeringas para enemas tenían amplia distribución entre los amerindios (Nordenskiöld 1930:189, mapa 1). Un cierto tipo consistía en una caña o hueso ahuecado rectos y estaba distribuido desde el noroeste de América del Norte hasta la Montaña peruana. Para su aplicación se sopla el enema a través del tubo dentro del cuerpo de quien lo recibe (Gomara 1811:283; Nordenskiöld 1930:54, fig.20; Davidson MS). Un segundo tipo de jeringa tenía una bolsa hecha de la vejiga de un animal, cuero o goma y una tobera de hueso o caña.
Jeringas de goma o cuero eran usadas por los indígenas de América del Sur occidental y Guayana (Roth 1916-1917:705, fig.341). La jeringa con un globo de goma es una invención nativa y está en uso entre los indígenas del Amazonas (Nordenskiöld 1930:13, fig.4). Las jeringas tienen el propósito de aplicar pimientas medicinales y hierbas antisépticas. Para lograr la intoxicación, los indígenas sudamericanos aplican enemas de ayahuasca (Banisteropsis caapi), Brugmansia sp., parica (Virola), willka (Anadenanthera colubrina [Vell.] Brenan) y tabaco (Nicotiana sp.).
El tabaco es mencionado escasamente en conexión con enemas y aplicaciones rectales en general. Sin embargo, supositorios de tabaco se usan como remedio para el constipado y las infecciones helmínticas. Casos más pobremente documentados de la asociación del tabaco con jeringas vienen de la pre-historia en Bolivia (Wassén 1972), Suriname (Fermín 1775), y Brasil (Spix y Martius 1823-1831:3). Un caso medicinal positivamente identificado es el de los shipibo en Perú, quienes aplican una mezcla de jugo de tabaco y jengibre como vermífugo (Gebhart MS). Solo recientemente se ha obtenido evidencia sólida del uso ritual de enemas de tabaco entre los aguaruna de la Montaña peruana (Davidson MS). No se han observado casos medicinales o de enema tabacal ritual para el Caribe, América Central o Norte América.
De hecho, el enema de los Aguaruna de jugo de tabaco fresco es mezclado con el extracto de ayahuasca (Banisteropsis caapi) hirviendo. Al sacar la mezcla del fuego, las hojas machacadas de tabaco se agregan para completar el brebaje rojizo. Antes de su aplicación, quien ha de recibir el edema se purga con repetidas dosis de ayahuasca y jugo de tabaco. El edema es soplado por una persona experimentada en el recto de la persona que está inclinada hacia adelante, usualmente un varón joven entre 12 y 35 años de edad.

Vía respiratoria

  • Absorción nasal

Rapés psicotrópicos son conocidos en forma esporádica en diferentes partes de América Central y Norte (Bourne 1907:312, 313, 324, 328) pero especialmente en América del Sur y las Indias Occidentales. Desde los días de la observación de Pané (1974 [1511]) respecto al rapé de chohobba (cohoba) entre los Taíno de las Antillas Menores, los polvos han sido vistos en preparación entre los indígenas del continente meridional a partir de las judías de Anadenanthera, de hojas de coca (Erythroxylum), de Virola spp., resina y una variedad de nicotianas. No se sabe bien aún cual es la base botánica de varios rapés menos conocidos del Nuevo Mundo (Schultes 1977:43-44; 1978:231-232), pero la absorción nasal de intoxicantes está bien repartida en América del Sur. De hecho, algunos creen que se trata de una forma peculiar de administrar la droga que se difundió al Viejo Mundo, junto con el tabaco, en la era postcolombina (Schultes 1967:292, 302-305). Las fuentes etnográficas documentan al tabaco como una fuente relativamente común de rapé entre los indígenas de América del Sur. En el subcontinente sus cinco focos de distribución son el Orinoco medio y superior, el noroeste del Amazonas, la Montaña – Río Purus, el Guaporé, y la zona andina. Otros casos son mayormente periféricos respecto a esta zona de distribución principalmente del norte y noroeste.
En la preparación del rapé, las hojas de la planta son secadas al viento o al sol, sobre un fuego o sobre una olla colocada boca abajo sobre brasas ardientes. Las hojas secas son machacadas, pulverizadas y a menudo cernidas. Cáscaras de nueces y ollas pueden servir como morteros. El rapé de tabaco es guardado en recipientes hechos de bambú, calabazas o concha de moluscos. Los polvos psicotrópicos, incluyendo el rapé de tabaco, pueden ser aspirados directamente de la mano o de una hoja. Más frecuentemente sin embargo son ingeridos por medio de tubos de absorción nasal, simples o dobles, ramificados o angulares, hechos de caña o huesos perforados.
Los tubos de absorción nasal, simples y relativamente cortos, son usados como inhaladores de autoconsumo. Como se ha mencionado previamente, el ejemplo más temprano en América del Sur es el inhalador de hueso de pájaro que Junius Bird encontró junto a una caja de rapé de hueso de ballena, en el sitio preagrario de Huaca Prieta, en la costa del Perú, fechado hacia el 1600 A.C.
Estos implementos se usaban presumiblemente para la willka (Anadenanthera colubrina)(9), no para tabaco en polvo. Cuando se usan como inhaladores tubos de un metro o más de largo, la intoxicación requiere de dos personas; uno sopla con fuerza el polvo dentro de las narices del otro. Esta forma de administración ha sido bien documentada, por ejemplo, por escrito y en films, entre los yanomamö de Venezuela. Sin embargo, ellos también preparan su polvo intoxicante no de tabaco sino de la corteza interior del árbol Virola. En algunos de estos largos inhaladores, el extremo receptor recibe piezas nasales cónicas, lisas o talladas. Los tubos dobles de absorción nasal miden unos veinte centímetros de largo y comúnmente exhiben en el extremo próximo una pieza nasal hecha de alguna nuez redonda y perforada o de un anillo de cera bulboso, para facilitar la
aplicación a las narices. El rapé es absorbido desde la palma de la mano del usuario a través de inhaladores dobles.
Los tubos bifurcados tienen forma de Y, y son relativamente cortos. Permiten la autoadministración de polvos por ambas fosas nasales simultáneamente.
Los tubos de inhalación angulares tienen forma de V; los cortos son para autoadministración y los más largos, de unos 20-30 centímetros son para administración mutua entre dos cooperantes. El rapé es colocado en el extremo nasal del insuflador angular y soplado desde el extremo bucal con un soplido brusco adentro de las fosas nasales del receptor.
El rapé de tabaco puede ser inhalado desde la superficie de una pequeña tableta, pero las tabletas de inhalación comúnmente usadas en conexión con polvos alucinógenos no han sido reportados específicamente en conexión con la inhalación de tabaco. De hecho, el rapé de tabaco, es de importancia secundaria en América del Sur, comparado con los polvos alucinógenos,
posiblemente porque los primeros contienen menos “fuerza espiritual” que los segundos. Esto puede explicar porqué los accesorios para rapé de tabaco son mucho más rústicos que la parafernalia artísticamente elaborada usada por ejemplo en conexión con los polvos de parica o ebena.
También el tomar rapé de tabaco ha ganado aceptación amplia en el mundo en general, aunque la práctica ha aumentado o disminuido según la época a través de los siglos.

  • Fumar

La práctica de fumar es la más común de las formas de consumo en la América del Sur indígena. Es particularmente común en la Guayana mayor, el Alto Amazonas, la Montaña, los Yungas, Matto Grosso y el Gran Chaco. Sin embargo también se informó sobre esta costumbre en muchas zonas intermedias y periféricas como Colombia del norte y central, a lo largo del Amazonas medio e inferior, la costa del Brasil, Patagonia y sur de Chile. Los indígenas fuman tabaco en forma de cigarros, cigarrillos y varias formas de pipas. El tabaco secado al sol o al viento es molido antes de ser puesto en envoltorios de distintos tipos. A veces, hojas enteras de tabaco o trozos de ellas son usados con este fin. Más frecuentemente los indígenas usan hojas de distintas clases, estípulas de palma, hojas de banano y hojas de maíz. Un envoltorio comúnmente usado en cigarros y cigarrillos es la corteza interior blanquizca del árbol Couratari guianensis Aubl., de la familia Lecythidaceae.
Para preparar un envoltorio de tauari perfectamente blanco y sin sabor, la porción de corteza interior es separada del tronco, molida con una maza y expuesta al aire por varias horas. El naturalista H. W. Bates (1975:162) ha descrito cómo se puede obtener “sesenta, ochenta y a veces cien capas del mismo trozo de corteza”. Los indígenas de la Guayana cortan un trozo de dos o tres metros de largo y quince centímetros de ancho, preferiblemente de la corteza negra del Couratari guianensis. Para separar las capas, un extremo de la lonja golpeada con un palo y las láminas que se obtienen son atadas en bulto para evitar que se vuelvan a enrollar. El bulto es luego secado al sol (Ahlbrink 1931:475-477, 128). En forma similar, capas de la corteza interior delgadas como el papel aptas como envoltorios de cigarrillos se obtienen de la corteza de Sapucaia (kakareli [Lecythis ollaria Loefling]), un árbol del mismo orden natural que Couratari (Im Thurn 1883:317; Roth 1916-1917:241). Normalmente los hombres enrollan sus propios cigarros; en varias comunidades indígenas sin embargo se supone que las mujeres deben hacer la tarea. También prenden los cigarros y toman algunas chupadas ellas mismas antes de pasarlos a los hombres. Generalmente, los envoltorios le añaden un sabor y un olor peculiar al tabaco, y en algunas instancias se ha observado que las hojas que recubren el tabaco aumentan el efecto narcótico del tabaco (Weyer 1959:114)
Para darle al cigarro o a la pipa un componente odorífero particular, los indígenas de la Guayana o el Amazonas añaden distintas clases de yerbas o la resina de Protium heptaphyllum, un árbol de la familia de la mirra o Burseraceae. Conocida como caraña, la resina, dura, trasluciente y blanquizca tiene un olor punzante, similar al franquincienso. El polvo o los granos de caraña se mezclan con tabaco (o coca) para darle un sabor balsámico pero no para aumentar o disminuir los efectos narcóticos (Schultes 1980:55). En la Patagonia, raspaduras de calafate (Berberis sp.) se mezclan con el tabaco para darle un sabor agrio y para que arda con un humo de acentuado color azul. El fumar es a menudo acompañado de la ingestión de alucinógenos tales como Banisteropsis caapi, Brunfelsia grandiflora, y Virola y de bebidas psicoactivas tales como el yoco o la guaraná (Paullinina cupana H.B.K. var. sorbilis [Mart.] Ducke) y casiri.
Los indígenas de América del Norte, con la excepción de los Pueblos y algunas tribus en California, eran exclusivamente fumadores de pipa (Linton 1924:14; Robicsek 1978:9-11). Pero a pesar de esta predominancia de la pipa y el florecer de variaciones formales de las pipas en América del Norte, el fumar pipa en América del Sur sí tiene una distribución considerable a través del subcontinente. Aquí es practicado con pipas tubulares, monitor y angulares hechas de paja, bambú, madera, cáscaras secas de fruta, hueso, greda o piedra. El fumar en pipa prevalece en dos zonas focales; la región del Marañón-Huallaga-Ucayali y el Gran Chaco. Más esporádicamente ocurre a lo largo de la costa norte y el interior de la Guayana, a lo largo del Amazonas y en el litoral del Brasil. Hacia el interior y al norte de la zona focal del Gran Chaco, las pipas se presentan en Bolivia central y sur y en Araguaia inferior. Al sur del Chaco las pipas se encuentran en Chile central y sur y en Patagonia.
Como en América del Norte, el fumar pipa es una costumbre de origen prehistórico en América del Sur, y de las tres clases de pipas ya mencionadas, la forma tubular es quizás la más antigua. Se la encuentra en América Central y del Norte y su centro de distribución en el subcontinente se encuentra en el Gran Chaco y Brasil central hasta la costa del Atlántico, así como en Colombia y Suriname, un área de distribución tan amplia que corrobora la afirmación de la gran antigüedad de esta pipa en el Nuevo Mundo.
La pipa monitor es poco común en América del Sur, se la encuentra sólo entre los indígenas araucano-huilliche y los tehuelche de Chile central y sur y Patagonia respectivamente.
Finalmente, la pipa angular es la más común en América del Sur. Pipas probablemente previas al periodo de contacto son conocidas desde sitios arqueológicos (Cooper 1949:527). La distribución moderna de la pipa angular coincide con el área de distribución máxima indicada en el párrafo 6 de esta sección. Las pipas angulares pueden ser de una pieza o de manufactura compuesta, con un recipiente cónico-tubular y un tubo separable. Tipos característicos incluyen la pipa con recipiente cónico que se encuentra en la zona de Montaña y los tipos con recipiente cilíndrico o encordado como los hay en el Gran Chaco. Las pipas del Chaco pueden ser también con formas y diseños antropomórficos y zoomórficos, como se puede ver en abundantes ejemplos arqueológicos en Venezuela, Ecuador, Perú, norte de Argentina y sur de Brasil (Cooper 1949:531).
Los indígenas de América del Sur usualmente fuman con inhalaciones profundas o hiperventilación, pero raramente reteniendo una bocanada de humo en la boca antes de expelerla o inhalarla. La inhalación es descrita como absorbiendo el humo del cigarro hasta los pulmones con “profundas aspiraciones”, “usando los pulmones como fuelles” (Huxley 1957:195). Cigarros gigantes que miden casi un metro de largo y dos centímetros de ancho son fumados con hiperventilación por los Warao en el Orinoco y por varias otras sociedades tribales, tales como los indígenas del Vaupés. Este último cigarro, de acuerdo al naturalista A. R. Wallace (1975:195, 206), “tiene ocho o diez pulgadas de largo y una pulgada de diámetro, está hecho de tabaco molido y secado, y encerrado en un cilindro hecho de una hoja grande torcida como una espiral. Se coloca en un gran soporte bifurcado de dos pies de largo. Tiene un extremo inferior aguzado, de modo que cuando no está en uso puede ser clavado en el suelo”.
Un método peculiar de América del Sur de absorción respiratoria de nicotina es el de inhalación de humo de tabaco que está flotando libremente en la atmósfera. Como ya se ha mencionado, esto ocurría en la costa este del Brasil, donde quienes practicaban la costumbre soplaban humo de tabaco por cañas y cigarros de boca ancha sobre las cabezas y las caras de guerreros que bailaban. Los hombres en esta misma sociedad también inhalan el humo del tabaco que han quemado dentro de sonajas con forma de cabeza humana. Los adultos entre los Cuna de Panamá usan humo de tabaco que es soplado sobre sus caras desde un cigarro invertido, y los hombres jíbaro en Perú soplan el humo de tabaco a través de largos tubos en la boca abierta de otra persona.

Administración percutánea

  • Aplicación sobre la piel

La aplicación de productos de tabaco sobre la piel sana o escoriada tiene una distribución muy extendida en la América del Sur indígena, incluyendo la práctica de fumar y soplar el humo en forma general o dirigida; de soplar
escupida con jugo de tabaco, saliva mezclada con nicotina, y tabaco en polvo; masajes con saliva; abluciones de jugo; rapé y envoltorios de hojas y compresas. El uso del tabaco en este contexto sirve invariablemente a fines
terapéuticos.

  • Administración ocular

El humo y jugo de tabaco son aplicados al ojo para que la nicotina sea absorbido desde la conjuntiva de la superficie interior del párpado y la parte frontera del globo ocular. El fin principal de esta aplicación es mágico-religioso.

Por Johannes Wilbert
Extraido de EL SIGNIFICADO CULTURAL DEL USO DE TABACO EN SUDAMÉRICA

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