Mundo Originario

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Múltiples culturas rinden culto a la Naturaleza. Desde la Selva, hasta las Montañas, todos rinden su devoción a Madre Tierra.

 

La muerte da luz a la vida

¿La muerte, a dónde nos llevará?

¿A dónde iremos?,
¿Donde la muerte no exista?
Más, ¿por esto viviré llorando?
Que tu corazón se enderece:
Aquí nadie vivirá para siempre.
Aún los príncipes a morir vinieron,
Los bultos funerarios se queman.
Que tu corazón se enderece:
Aquí nadie vivirá para siempre.

Esta poesía pertenece a Nezahualcóyotl, uno de los más importantes monarcas y poetas del México Antiguo (1402). Sus letras son ejemplo claro de cómo la muerte en esta vida se halla implicada en la trama de todas las culturas y eras de la humanidad.Podremos tener diferentes ideas acerca de la vida, como del nacimiento. En cuanto a la muerte es algo totalmente diferente, no hay idea que pueda darle forma, no hay concepto que pueda atraparla. Intentar comprenderla sería como tratar de ver algo en un espacio “vacío”.

Cuando la curiosidad nos hace pensar en ella vemos que, en realidad, la muerte ronda en nuestra vida todo el tiempo; y que en ocasiones responde con lenguaje tan extraño que, como sensaciones, brotan de nuestras entrañas, más que del intelecto. Sensaciones que despiertan ese temor que frustra todo deseo de saber.

Conciencia y muerte

La muerte entra dentro de los sucesos inevitables de nuestra vida, es aquello imposible de controlar, y por lo tanto alterar. Sabemos de qué se trata y sabemos que puede ocurrir en un instante, a nosotros y a quienes nos rodean. No está ligado a un futuro previsible, sino a una posibilidad que nos acompaña en todo momento y lugar.

El hecho de saber esto, prueba que existe en nosotros conciencia clara de su existencia y significado. Un final que nos espera y al cual tememos.

Es esta conciencia sobre ella la que nos aterra, es lo que pensamos acerca de la muerte lo que da miedo. Resulta abrumador pensar en la posibilidad de perder a un ser querido o más aun, experimentar la muerte de un hijo. Uno no está preparado para una situación que doblega toda expectativa natural, son los hijos los que lloran la partida de los padres.

La concepción religiosa de la muerte

Exodo - Juan Carlos Bolea

Exodo -Juan C.Bolea – Click

La pregunta más acuciante se presenta cuando uno se pregunta ¿Qué hay más allá?  Las religiones dan la respuesta, y es por la Fe que esta llega; la ciencia no está en condiciones de responder a preguntas tan fundamentales.

Para el cristianismo solo muere el cuerpo, así, el cristiano sabe que la muerte no solamente no es el fin, sino que por el contrario es el principio de la verdadera vida, la vida eterna. Nuestro cuerpo tendrá que rendir su tributo a la madre tierra, de la cual salimos, por causa del pecado, pero la Vida Divina de la que ya gozamos, es por definición eterna como eterno es Dios. El peligro del sufrimiento radica en aferrarse en lo temporal, perdiendo de vista lo eterno.

Como los cristianos, los musulmanes también creen que, después de la muerte, serán juzgados según sus obras. Sus buenas o malas acciones les llevarán al cielo o al infierno.

El hinduismo, considera a todo el universo como una sueño o ilusión y los seres humanos, son parte de ese sueño, reencarnamos después de la muerte en una nueva vida, con un nuevo cuerpo.  Esta reencarnación está basada en el karma o resultante de acciones pasadas, es el que determina el tipo de renacimiento. La meta final de la vida es la liberación del ciclo de vidas en este mundo de ensueño y la entrada en el Nirvana o paraíso.

Desde la perspectiva budista, la vida y la muerte son dos fases de un continuum. La vida no comienza con el nacimiento ni termina con la muerte. Todo en el universo está sometido a estas fases. Y nuestras vidas individuales son, asimismo, parte de este gran ritmo cósmico. El budismo hace hincapié en que la naturaleza esencial de nuestras vidas es, a cada momento, la naturaleza de Buda o, también podría decirse, de una mente que trasciende a la mente puramente individual y despertar a esta mente es lo que nos libera del ciclo de reencarnaciones.

Religiones basadas en la naturaleza, como el Panteísmo (pan: ‘todo’, y theos: ‘Dios’), que tiene sus orígenes con primeros filósofos de la antigua Grecia, se refieren indirectamente a la muerte de esta manera: En la naturaleza todo lo que existe es Divino. Dios y el Universo son una y la misma cosa en permanente expresión. Para esta concepción existe una única substancia o naturaleza, un único ser existente por sí, del que todas las cosas no son sino modos, miembros, momentos, apariencias o proyecciones del mismo en permanente cambio. De este modo el espíritu humano, no se aniquila con el perecer del cuerpo, sino también subsiste en el algo eterno.

Contemplando lo que estas religiones afirman, se puede concluir en que existe una vida transitoria y una vida eterna; una vida de ilusión o pecado, y una vida real y pura; una vida que se expresa como un caleidoscopio en constante transformación.

La muerte de un ser querido

Lo cierto es que nada sabemos, pero lo que realmente nos conmueve es la experiencia de muerte de un ser querido. Y en esto, no es la muerte lo que nos produce dolor, sino el saber que alguien ha partido y jamás volverá a estar. Un vínculo afectivo se ha roto, de repente lo habitual muestra día a día esa ausencia.

Podemos ver la pérdida como una parte natural de la vida, pero aun así nos pueden embargar el golpe y la confusión, lo que puede dar lugar a largos períodos de tristeza y depresión.

Entonces, todo esto nos lleva indefectiblemente a dos ideas importantes que giran en nuestro universo personal, estas son “el amor y la pérdida”. La idea de alguien que estaba y ya no volverá a estar, alguien que, con su presencia llenaba áreas de “mi vida” y que con su partida ha dejado un espacio vacío. En definitiva, porque amamos es que tememos la pérdida. Sin amor no habría temor, pero tampoco la posibilidad de disfrutarlo como lo que es, el más grande regalo de este mundo. Aquello que nos hace sentir que existe un propósito, estamos para algo, y que nada es para siempre. Nosotros mismos también deberemos partir.

Cómo ayudarse frente a esta situación

Las investigaciones indican que la mayoría de las personas consiguen recuperarse de la pérdida entre seis meses hasta un año.  Además, contar con apoyo de su entorno social y mantener hábitos saludables resulta de suma importancia.

Algunas recomendaciones, tomadas de la Asociación Americana de Psicología, para ayudarse en el proceso de duelo son:

  • Hablar sobre la muerte de su ser queridocon amigos y colegas para poder comprender qué ha sucedido y recordar al amigo o familiar. Negarse a abordar el hecho de lo ocurrido lleva al aislamiento fácilmente y puede a la vez frustrar a las personas que forman su red de apoyo.
  • Aceptar los sentimientos. Después de la muerte de alguien cercano, se puede experimentar todo tipo de emociones. Es normal sentir tristeza, rabia, frustración y hasta agotamiento.
  • Cuidarse y cuidar a la familia. Comer bien, hacer ejercicio y descansar ayuda a superar cada día y a seguir adelante.
  • Ayudar a otras personas que también lidian con la pérdida. Al ayudar a los demás, uno se siente mejor también. Compartir anécdotas sobre los difuntos puede ayudar a todos a lidiar con la pérdida.
  • Rememorar y celebrar la vida del ser querido. Uno puede enmarcar fotos de momentos felices que se vivieron juntos, o plantar un jardín en su memoria. Las elecciones son personales, sólo uno sabe cuál es la forma más significativa de honrar esa relación única.
  • Pedir ayuda a un profesional en psicología. Estos reciben una formación que les permite ayudar a las personas a manejar de forma más productiva el temor, el sentimiento de culpa o la ansiedad.

 Cuando la muerte es aliada

Concebir a la muerte únicamente como fatalidad es una perspectiva que limita o simplemente coarta toda posibilidad de apertura hacia campos más grandes de conocimiento. Paradójicamente, conocimiento acerca del “valor trascendental que tiene nuestra propia vida”.

Si le damos un lugar en nuestra conciencia, podrá convertirse en una auténtica fuente de inspiración. Una fuerza que nos empuje a ver más allá de las exigencias cotidianas y del tiempo invertido en hábitos vacíos. Una fuerza que nos lleve a preguntar ¿Es razonable dedicar tanto tiempo a la preocupación?, ¿Cuánto tiempo dedico en disfrutar?, ¿Cuántas energías y tiempo consumo en la queja?, ¿Cuánto tiempo dedico a pensar en temas placenteros?, ¿Cuánto tiempo dedico a realizar tareas que no me gustan en comparación con las que sí me gustan?, ¿Cuánto tiempo dedico a estar con aquellos que me siento bien?, ¿Cuánto tiempo dedico en pensar en lo que “no” quiero ?, ¿Cuánto tiempo dedico en concretar los sueños que están a mi alcance y “sí” quiero?. Muchas preguntas aparecen cuando me doy cuenta de que el tiempo es lo único valioso que existe, porque la muerte se encarga de recordármelo.

Por todo ello, es la más grande aliada tanto para superar obstáculos y alcanzar objetivos, como para liberarnos de situaciones que nos duelen. Y para algunos es la solución que resuelve todo dolor. El caso de los ancianos que llegan a un momento de sus vidas en que el cuerpo sufre. Ancianos que piden partir, y la muerte llega, liberando todo dolor.

La muerte es la única consejera sabia que tenemos. Cada vez que sientas, como siempre lo haces, que todo te está saliendo mal y que estás a punto de ser aniquilado, vuélvete hacia tu muerte y pregúntale si es cierto. Tu muerte te dirá que te equivocas; que nada importa en realidad más que su toque.
Viaje a Ixlam, Carlos Castaneda

Muerte y razón

Entonces ¿Cómo es que uno se resiste tan tozudamente a aceptar esta naturaleza del cambio que acompaña nuestra vida? La respuesta es que toda nuestra vida es experimentada por medio de información del pasado basada en recuerdos, conceptos, juicios, y convenciones sociales; y la mente racional es el actor que la representa.  Observa y se relaciona a través de estas referencias que dan sentido y significado a lo que ve. O sea, cuando uno mira, no ve las cosas tal cual son, sino que son reconocidas con el aporte de esa historia, de esa cultura en donde está. Esta mente necesita tiempo para adaptarse a cualquier cambio, y más cuando un ser querido ha dejado de existir. Esto produce una crisis y es lo que llamamos proceso de duelo, la realidad se le ha impuesto a su mente. Una crisis que afecta interiormente a la persona y que la obliga a finalmente aceptar lo inevitable.

La naturaleza expresa la muerte a cada instante

¿Qué es la muerte, sino vida en transformación? La luz del día va cambiando en el tiempo dando lugar a la noche oscura. ¿Cómo poder determinar el momento justo donde termina el día y comienza la noche o viceversa?

El arte de contemplar permite apreciar a la vida como un río en constante transformación, imposible es determinar un punto de transición entre un antes y un después. Imposible determinar eso que llamamos muerte. La muerte puede ser concebida únicamente desde la dicotomía de la mente racional, ligada al tiempo y a la memoria. Un antes y un después, algo muere cuando deja de estar, el día muere para dar lugar a la noche.

Es también nuestro propio cuerpo el que, momento a momento, se transforma. Millones de células mueren para dar lugar a otras, bacterias que conviven dentro nuestro y que son alimento de otras. Todo esto y mucho más está pasando en este instante, y así, momento a momento el cuerpo sutilmente se va transformando.

Esto ocurre con todas las cosas. En el mundo del tiempo nada perdura para siempre.

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