Explorando la Matrix: Un Viaje Espiritual


La Matrix, el útero cósmico, Malkut.

El movimiento constante confiere al ser una especie de placer en permanecer allí. Las imágenes de la realidad son puros colores y formas en movimiento; las emociones percibidas son abrumadoras; los momentos entre la inhalación y la exhalación son infinitamente largos.
Constantemente se alternan nacimiento y muerte, placer y dolor, y siempre todo vuelve a empezar. Sin respiro, sin parar.

27 de junio de 2025, Calcata, Italia

¿Cómo he llegado allí?
A través de la ceremonia de Ayahuasca conducida por el «Maestro».
La Matrix es una realidad muy difícil de aceptar, y creo que pude verla gracias a Dios y a todas las veces que, en mis vidas, le dije SÍ.
Me parece que en cada ciclo en la Matrix mi conciencia se ha detenido un segundo más cada vez que dije SÍ al camino espiritual, SÍ al gran sendero que lleva a la expansión de la conciencia, que lleva a Dios.

Mientras tomaba conciencia de la dura y cruda realidad de la Matrix, tuve que repetir y revivir todos aquellos SÍ.
Muchas veces repetí:
“Sí, lo aguanto. Voy a seguir adelante.”

Creo que, cada vez que mi estado de conciencia cambiaba o evolucionaba, tuve que decir SÍ, consentir el permiso para pasar, y creo que esos pasajes corresponden al sendero a través de las 7 Sefirot, planetas, energías, estados de conciencia desde Malkut hasta Chesed.

Creo que entré en la Matrix después de aliviar (vómito), momento en que ya era in/consciente, o mejor dicho, mi conciencia estaba muy presente. Todo lo demás faltaba.
Yo no di la orden a mi cuerpo de coger el bol para el alivio; mi cuerpo no estaba allí. Se movía solo gracias a siglos y siglos de aprendizaje sobre esta Tierra.

Tampoco sentía mi mente/razón.

En ese espacio de maravillosas imágenes coloridas, se movía solo mi conciencia —que es la que me permite decir que yo estuve allí y también que me permite recordar todo lo que pasó.

También estaban presentes las emociones que, sin embargo, eran muy diferentes de las emociones humanas, porque aunque se puedan reconocer, no son capaces de modificar o alterar el estado de conciencia.

Las imágenes eran las vidas vividas por cada forma de vida presente en Malkut–Útero, en cada tiempo.
El alivio sagrado era una mancha negra que salió de mi interior y pronto se mezcló con los demás colores.

Lo único que pude percibir del mundo físico eran sonidos:
el sonido del alivio de los demás, el canto de Jorge, los cascabeles de Marianna, el scacciapensieri y mis suspiros.
Claramente, yo percibía los sonidos desde mi interior y no sabía que todo esto también estaba pasando en el exterior, o sea, en la vida “real”.

Creo que después de aliviar, allí empezó el sendero por la Matrix, previamente descrita.

¿Cómo salí de la Matrix?
Cada vez que un ciclo de vida se repetía, dentro de mí iba naciendo el deseo de salir de aquella trampa, porque en cada ciclo de vida/muerte/vida, la conciencia estaba más presente y se daba cuenta del Gran Engaño.

Dentro de la Matrix no había rostros humanos, salvo Jorge y Marianna.
El cuerpo físico de Marianna encarnaba a la Madre celestial. Ella era la única que podía detener por un momento el eterno vagabundeo.
Pude ver su rostro —hablo de verlo con los ojos cerrados—. El rostro de la Madre apareció entre los colores.
Tenía rasgos similares a Marianna y hablaba con cascabeles, no tenía voz.
Su presencia me calmaba por un instante.

Vida tras vida, el deseo de liberación iba creciendo, hasta que, de acuerdo con mi Voluntad, Dios me permitió salir.
Esta “expulsión” fue causada por Dios a través de un soplo en la nariz.

En el mundo espiritual en el cual me encontraba, llegó el Padre encarnado por Jorge.
Su rostro era de un anciano de cabello blanco y barba blanca, medianamente larga.
Él tenía voz. Le dijo a la Madre:
“Dale un rapecito.” Y la Madre actuó.

“Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida; y fue el hombre un ser viviente.”
— Génesis 2:7

Así nací en el mundo espiritual, parida desde la Matrix hacia el Cosmos/Atziluth.
¡Allí va, otro cambio de conciencia!
Mi conciencia ya no era “yo”, sino la Humanidad dentro de mí.

Vi cómo nace una estrella.
Mi conciencia estaba en contemplación.
Solo el cielo se mostraba desde allí.
Las estrellas formaban dibujos similares a mandalas.
Yo estaba hecha de la misma materia que las estrellas.
La frecuencia del canto de Dios hacía moverse las estrellas, que se unían para formar constelaciones de una belleza inaudita.
Esa misma frecuencia era responsable del movimiento de la Matrix.
Esa frecuencia era tu canto, querido Jorge.

Apareció el Padre encarnado, era un ser gigante en el Cosmos. Se acercó, me apretó las manos y dijo:
“Te felicito, ya llegaste. ¿Viste? Esto es todo.”

En ese momento, mi conciencia encarnó en un cuerpo humano.
Este cuerpo había vuelto a su trono (la silla) y había nacido en una Ceremonia Celestial, donde Dios dirigía la suerte del cosmos y yo tenía el gran don de ser presente.
En mi ser estaban presentes todos los estados de conciencia desde Malkut hasta Atziluth.

Desde allí tenía muy clara la percepción de que la Matrix había sido fruto de mis pensamientos, de haber creado yo misma Malkut, y también pensé que así como había sido creada, se podía arreglar.
Hice nacer en mí el pensamiento de no querer conocer la palabra Guerra, y pensé que había cambiado la realidad.
Muy pronto me enteré de que no funcionó.

El mundo estaba representado por los participantes de la ceremonia, todos más o menos dormidos. Me molestaba mirarlos.
Tenía la percepción de que el Padre estaba enojado y que todo esto era consecuencia de su enfado. Entonces le preguntaba:
“¿Pero en serio? ¿Todo esto por un enfado? Madre, ¿y tú no dices nada? ¡Decile algo a este viejo!”
Por supuesto, Él no estaba absolutamente enojado.
La Madre no contestaba.

Esa era mi familia.
Yo quería firmemente quedarme allí y repetía muchas veces:
“¡Por favor, que no me manden allí (a la Matrix) otra vez! ¡Madre, hacé algo!”

Todo esto ocurría con una especie de sentido del humor.

Al mismo tiempo, mi conciencia pensaba en cómo traer a mi hija Artemide al mundo espiritual, y me daba cuenta de que eso no era posible, de que me tocaba bajar.

Mientras todo esto pasaba, era sorprendente tomar conciencia de que Dios tiene rasgos humanos y se mueve en una ceremonia/Shabbat como en el Cielo así en la Tierra, como es arriba, así es abajo.
Y por esta misma razón, cada cosa humana es sagrada y respetable.

El resto del tiempo lo pasé preguntándome cuál era la solución, hasta no encontrar ninguna respuesta más que consentir volver a la Matrix como un gesto de total confianza hacia el Creador.

Durante la ceremonia, cuando estaba dentro de la Matrix, escuché todas las veces que Dios me habló con la voz de los hombres.
Entonces entendí qué significa que Dios habla: habla a través de los hombres, y también el significado de la hospitalidad sagrada.

Entendí que yo soy toda la gente del mundo, todas las vidas del mundo.
Esto me hizo comprender que cada uno de nosotros tiene su papel necesario.
Ninguna forma de juicio hacia los demás está permitida; hay que practicar solamente la hospitalidad.

Tengo la costumbre de llevar un diario de las visiones de las ceremonias.
Había pensado que de esta ceremonia no iba a escribir nada, porque las poderosas visiones que tuve eran imposibles de traducir en palabras.

También pensé:
“Pero, ¿dónde quedaron todos mis años de estudio de espiritualidad?”
Y me refiero principalmente al estudio de la Kabbalah.
¿Está todo perdido? ¿Eran todas mentiras?

Cuando intenté dar a luz con palabras mis visiones, me di cuenta de que para describir casi todos los conceptos pude utilizar términos provenientes del lenguaje kabbalístico.
Gracias al maestro Albert Gozlan por difundir los secretos de la Kabbalah.

Gracias a Dios,
a los maestros,
a los que hablan con su voz
y a las formas de vida, todas.

Desde muy adentro,
Sibilla

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